A mediados de los noventa, Brad Pitt ya era uno de los actores más buscados de la industria. Tras destacarse en Thelma & Louise en 1991, rápidamente se convirtió en un referente de la época. Sin embargo, buscaba romper con esa imagen de galán y elegía papeles más desafiantes para demostrar su capacidad actoral.
En una entrevista de 1996 para Tiger Beat, Pitt fue consultado sobre las personas que admiraba. Reconoció que le resultaba difícil encontrar modelos a seguir entre sus contemporáneos, pero destacó su admiración por Robert Redford. Redford era alguien a quien respetaba profundamente, tanto por su trabajo como director como por la forma en que se desenvolvía en la industria.
Durante la misma charla, Pitt cuestionó la obsesión del público y los medios por la belleza física. Planteó que la imagen es apenas una primera impresión y que la verdadera atracción surge cuando la personalidad de una persona transforma la percepción inicial. También señaló que los mejores actores no son necesariamente quienes la gente considera símbolos sexuales.


